lunes, 5 de mayo de 2014

HERE I STAND & VIRGIN QUEEN

HERE I STAND & VIRGIN QUEEN

Por fin hemos probado a fondo en el club estos dos juegos de GMT Games en partidas de 6 jugadores a los que teníamos muchas ganas de hincar el diente.

Los juegos son de los denominados de motor de cartas según el cual las acciones a realizar en el turno se desarrollan a través de las cartas de juego, ya sea activando los eventos de las mismas o bien utilizando sus puntos operacionales para llevar a cabo las diferentes acciones posibles: movimiento, combate, expediciones navales, conversiones religiosas, etc., etc.


Los juegos cubren respectivamente ambas mitades del s. XVI, la época de la Reforma de Lutero y de la Contrarreforma, teniendo como principales contendientes de la época a España, el Imperio Otomano, Francia e Inglaterra en ambos juegos, mientras que en Here I Stand se representa al Vaticano y a la Reforma con el nombre genérico de Protestantes, mientras que en el Virgin Queen ya no aparece el Vaticano como Potencia Mayor sino el Sacro Imperio Germánico, que además es muy laxo en cuanto al status quo religioso manteniéndose entre las dos corrientes, y de nuevo los Protestantes diferenciados entre Holandeses y Hugonotes Franceses.



A mi juicio, la mayor aportación de estos juegos a nuestro mundillo (aparte de ampliar nuestro conocimiento sobre un periodo tan desconocido por lo general como es el Renacimiento y las luchas religiosas) es su aspecto polifacético, pues cada nación tendrá que enfrentarse a retos de todo tipo: militares, diplomáticos, religiosos, el Nuevo Mundo, económicos, etc., lo que hace que el jugador se sienta en la piel de un estadista de la época teniendo que lidiar con variados asuntos a la vez y de muy diferente índole. Evidentemente, cada nación tiene sus peculiaridades, yendo por ejemplo, desde el Vaticano que se centra casi exclusivamente en el ámbito religioso y diplomático, evidentemente, y no pinta nada en el Nuevo Mundo hasta la gran potencia de la época, España, que está envuelta en todos los conflictos del momento. 


Similitudes entre ambos juegos
Básicamente las reglas de juego son las mismas en todo lo que se refiere a movimientos (tanto terrestres como navales, combates, diplomacia, religión, etc., cambiando lógicamente en lo que respecta a las nuevas incorporaciones que detallaré en el apartado de diferencias, por lo que si juegas primero a Here I Stand tendrás muchísimo ganado en cuanto a conocimiento de las reglas pues dominarás por lo menos un 75% de las mismas.

Diferencias
Here i Stand hace un mayor hincapié en el aspecto religioso, de hecho El Vaticano es una potencia mayor mientras que en Virgin Queen pasa a ser una potencia menor, aunque no por eso pierde su importancia, todo lo contrario, sólo que la acción religiosa pasa a ser protagonizada por todos los jugadores en mayor o menor medida en sus ámbitos de actuación excepto el turco, obviamente, y han bajado su dificultad haciendo el mecanismo más rápido; también aumenta el papel de El Nuevo Mundo, básicamente en lo referido a la piratería y a la flota del tesoro española aparte de que se introduce el Océano Índico y Extremo Oriente. Pero sobre todo hay dos diferencias que podemos considerarla mayores:
1. Cambian dos de los bandos: Como acabamos de decir el Vaticano pasa a ser una potencia menor en el segundo juego siendo sustituida por el Sacro Imperio Germánico, dividido entre católicos y protestantes, pero que necesita el apoyo católico para sobrevivir ante los turcos; y los Protestantes, con mayor fuerza militar en el Virgin Queen, representados por los holandeses en Flandes y los Hugonotes en Francia.
2. Las nuevas facetas del juego: Para dar un mayor sabor al juego se han incorporado nuevas reglas como son los matrimonios reales; los hallazgos científicos y las creaciones literarias de los artistas y científicos de cada nación: Cervantes, Shackespeare, Montaigne, Tintoretto, Galileo, Hansen,  Taqui Al Din…; el espionaje y asesinato de líderes políticos; la piratería en el Nuevo Mundo y todo el sistema de transporte del oro de las Indias por parte de España o la posibilidad del Otomano de crear el Canal de Suez y poder explorar por el Extremo Oriente; más características nacionales, etc., etc.

En resumen, son dos juegos buenísimos, pero eso sí, con tal magnitud de variantes y opciones que por fuerza resultan en unos juegos con cierta complejidad que necesitan de un buen estudio de las reglas y cierta experiencia en este mundillo (si no has jugado antes nunca juegos de mesa ni se te ocurra empezar con éstos) para poder dominar su mecánica, sobre todo en el aspecto religioso, aparte de necesitar espacio y tiempo para terminarlos y de 6 valientes que estén dispuestos a ello.

En cuanto a lo peor, para mi gusto, con todas las variantes de victoria que te ofrece el juego, que son muchas y lo enriquecen sobremanera dando a cada jugador diferentes opciones para ganar la partida, la victoria militar desluce el juego, sobre todo para aquellos países como Francia en Here I Stand o Inglaterra en Virgin Queen, que sólo necesitan conseguir un par de objetivos claves para ganar automáticamente, con lo cual no les hace falta seguir una política general que dé sus frutos a lo largo de los turnos sino dar un buen golpe de mano que te permita conseguir tales  objetivos en un momento dado, más por incursiones o “golpes de gracia” (sobre todo si se acompaña con alguna carta de evento como traición o similar que te puede dar un objetivo sin lucha) que por el desarrollo de una estrategia competente. En nuestra experiencia en el club nunca hemos pasado del tercer turno, y eso que hemos jugado unas tres veces a cada juego.

Y para terminar, os pongo el ejemplo del primer turno de juego de la última partida de Virgin Queen que nos echamos en el club.

Turno  1: Año de Gracia de Nuestro Señor de 1559.
El juego comienza con dos guerras activas: Inglaterra contra Francia (y es que está muy reciente aún la toma de Calais por los franceses en el año anterior) y la perpetua guerra de las dos grandes potencias del momento, el musulmán Imperio Otomano contra la muy católica España. Aparte de ello, Francia cuenta con un importante aliado en su lucha contra Inglaterra que es Escocia (fuente de problemas en la cabeza de Inglaterra que le procura abundantes dolores de cabeza), y España cuenta con la alianza del Vaticano, no siempre fiel, todo hay que decirlo, pues la Curia de siempre ha visto con muy buenos ojos el oro francés.

Vista general de la partida a mediados del turno 1

Además, dos sucesos festivos alegran las Cortes europeas, por parte hispanofrancesa se ha acordado el matrimonio de Felipe II con Isabel de Valois. Grandes fastos se disponen en Madrid y París y se prevé la llegada de dignatarios de toda Europa excepto de Inglaterra, claro está, que no ve nada bien una unión dinástica entre los dos más grandes reinos de la Cristiandad, y tanto en la corte gala como en la más austera española corre el vino y se visten las mejores galas para celebrar tan memorables nupcias.

¡La boda del Siglo!

Pero ésta no es la única gran boda europea. Aunque de menor rango que la anterior, uno de los más nobles súbditos de su majestad Católica, Guillermo de Orange contraerá nupcias con una importante dama de la nobleza centroeuropea, Ana de Sajonia, mas dicen las malas lenguas que ésta es una boda con cierto tufillo protestante, pero valga Dios a este pobre narrador de levantar falsos testimonios contra una de las más leales testas de la nobleza europea. Sólo se trata de rumores de advenedizos y deslenguados.

El año empieza mal para la causa católica, los turcos en su vil prepotencia piden tributo de vasallaje a su Muy Católica Majestad Maximiliano II a lo que éste se niega como no podía ser de otro modo. ¡Y es que no puede permitirse al infiel que desprecie de este modo a la verdadera fe! pues si moros hay muchos, no pueden compararse con los fieles creyentes que guiados por el Arcángel San Gabriel con flamígera espada acabarán por echar a todos los agarenos de Europa.

El descomunal ejército de Sokollu Mehmed se aproxima a Viena

Pero para desgracia de las armas del Sacro Imperio el descomunal ejército liderado por Sokollu Mehmed es demasiado grande para los mercenarios al servicio del Imperio, que son derrotados en varias ocasiones perdiéndose la importante plaza fuerte fronteriza de Szigetvár e incluso llegando los enemigos de la verdadera fe a la capital del Imperio, Viena, que empiezan a asediar. Además, han aparecido graves tumultos debido a la carestía ocasionada por la guerra y las severas derrotas a manos turcas en Viena y Praga (y es que a perro flaco todo son pulgas) lo que propicia que el Imperio entre en bancarrota y tenga que pedir ayuda económica y militar al resto de potencias católicas y al Papado.

Pero si las armas otomanas van viento en popa en tierra no puede decirse lo mismo en la mar (y valga el juego de palabras), pues han perdido el control del Mediterráneo a manos de una potenciada armada española que ha asestado varios duros reveses a las flotas de Soleiman, por lo que éstas se han recluido en sus fortalezas mediterráneas en busca de mejor ocasión para vengarse de los descreídos del Corán atreviéndose sólo a esporádicas incursiones de piratería.

Continuando con España, ésta dirige gran parte de sus inmensos recursos económicos para rearmarse, no sólo construyendo una gran flota de galeras con las que han batido ya a los turcos en varias ocasiones, sino también construyendo fortalezas con las que defender las Indias de los piratas que empiezan a aparecer y galeones de escolta para la flota de Indias.

Aparte de esto, como la gran potencia del momento que es, tiene que combatir en varios frentes a la vez, y otro de ellos es el religioso, pues en Flandes empiezan a producirse conversiones en masa, sobre todo en la costa y en Holanda, más proclives a las nefandas herejías luteranas y calvinistas, que deben combatirse antes de que vayan a más, cosa que se consigue a medias ya que es muy importante la fuerza con que las nuevas ideas empiezan a crear prosélitos, incluso en la Alta nobleza. Debido a ello, gran cantidad de clérigos y seglares se desplazan a estas tierras para combatir la herejía, cosa que hacen de manera encomiable pues ésta apenas pasa de las costas holandesas, foco principal de los alborotadores luteranos.

Primeras conversiones protestantes en Flandes

Por su parte, Francia, a pesar de la guerra con Inglaterra y al igual que ésta última, no está muy por la labor de pegarse trompazos con los isleños, por lo que la convivencia es más o menos plácida, y cuando de forma tardía los ingleses se decidieron a asediar Edimburgo, bastó con una comitiva diplomática para que los soldados de la Reina Virgen se retiraran de vuelta a casa tras los acuerdos de paz concedidos por los timoratos ingleses, más pendientes de sus expediciones hacia las Indias Españolas que de una guerra tan cerca de casa. Así pues, con este problema resuelto Carlos IX se puede dedicar a la alta diplomacia y consigue un gran éxito diplomático al convencer al Santo Padre Pío IV para que abandone la alianza con España y se torne profrancés, cosa que al parecer, no ha enojado a España sobremanera al contrario de lo que podría suponerse. Creemos con total convencimiento de causa que éste es el acontecimiento más importante del año. ¿Se atreverá el turco a atacar a piratear en las costas del Papado ahora que es aliado de Francia?

El Vaticano se torna francés

Por tanto, la única fuente de problemas para el galo ha sido sofocar los brotes protestantes en su patria, que ha conseguido solventar sin grandes problemas quedando la causa hugonote muy debilitada en estos primeros años y empezar a preparar sus expediciones a las Indias, aunque más encauzadas al establecimiento de colonias en Norteamérica que a piratear contra España y Portugal, con quienes mantiene por ahora excelentes relaciones.

En lo referente a Inglaterra. En estos principios del reinado de Su Majestad Isabel I persiste el conflicto con el francés pero en la Corte no se pretende mantener a cabo un conflicto de gran envergadura con Francia después de un siglo entero de guerras, sólo ocupar Escocia y acabar de así con este problema para tener las manos libres en otros teatros, pero una timorata política unida a la poderosa diplomacia francesa da como resultado unas buenas relaciones entre ambos reinos aún con Escocia aliada a Francia.

Por ello, la principal ocupación para la monarquía inglesa ha sido aumentar su influencia en Irlanda debido al temor de que Francia pudiera intentar algo en las verdes tierras de Eirín que pudiera acabar de rodear a Inglaterra de Papistas, y centrarse en atacar la hegemonía hispanoportuguesa en las Indias, aunque todavía de manera muy tímida pero que ya está rindiendo sus primeros frutos gracias al primer “perro de la reina” John Hawkins, cuyas primeras incursiones en América empiezan a ser vistas con algo de preocupación por las Cortes de Madrid y Lisboa, pero tampoco mucha, la verdad, para qué vamos a decir otra cosa.

A quienes tampoco les acaban de ir bien las cosas es a los protestantes. En Francia apenas han actuado y cuando lo han hecho han sido rápidamente suprimidos por los enviados papales y del Rey, y más teniendo en cuenta las especiales relaciones que han acordado Francia y el Vaticano, por lo que los hugonotes, con su caudillo a la cabeza, Gaspar de Coligny, están esperando una ocasión más propicia para actuar aunque ardan en indignación por la orgia papista en que se ha convertido la Corte de París en estos últimos tiempos.

Primera colonia inglesa fundada por John Hawkins

Por ello, donde han actuado con más intensidad aunque con éxitos más bien modestos, es en las posesiones españolas de Flandes, mucho más proclives que los franceses a las bondades de la nueva fe luterana, y sobre todo más dispuestos a luchar por ella. Aún así, la penetración de la nueva religión en las mentes del populacho está siendo muy dificultosa, centrándose más bien en los puertos y ciudades cercanas a la costa, siempre más refractarias a las ideas extranjeras, ya que el emperador Felipe está combatiendo desde la raíz este nuevo movimiento pues no desea que le pasé lo que le ocurrió a su divino padre, el gran Carlos V en Alemania.

Pero la causa protestante ha sufrido un duro revés ya que el que se postulaba como su gran adalid en Holanda, Guillermo de Orange, a pesar de ser todavía un súbdito leal y católico del emperador, ha muerto justo después de casarse con Ana de Sajonia. Las causas de la muerte no se saben con exactitud aunque las malas lenguas (otra vez) aducen que un excesivo ímpetu en el tálamo nupcial después de unos pantagruélicos banquetes de bodas fueron demasiado para el ardoroso Guillermo cuyo corazón no pudo soportar tales esfuerzos a pesar de su juventud.


RIP

En todas las cortes europeas se han dejado oír las campanas en señal de duelo por tan sensible pérdida y se ruegan oraciones por su alma. Descanse en Paz.

Fin primer turno Virgin Queen.

“El Presi”