viernes, 21 de febrero de 2014

Gettysburg

LA PARTIDA MÁS MÍTICA DE LA HISTORIA DEL CLUB

GETTYSBURG


Desde que nuestra asociación empezó su andadura oficial con el despertar del siglo (se da la circunstancia de que somos asociación oficialmente registrada desde el 1 de enero de 2000) hemos representado y disputado multitud de batallas históricas. Entre otras muchas puedo citar Bailén y casi todas las más importantes de nuestra Guerra de Independencia u otras napoleónicas como Waterloo, Aspern-Essling, Trafalgar, Borodino o Ligny por citar sólo unas pocas; Prácticamente todas las más importantes de la Guerra Civil Americana aparte de la mencionada: Antietam, Chickamagua, Shiloh, las dos Manassas, Brandyville, Stones River…; del siglo XVIII os puedo mencionar Almansa, Madonna dell Olmo, Camposanto, Minden, Saratoga, Kolin, Zorndorf…; Si nos remontamos a los Tercios recuerdo Nördlingen, Rocroy, Las Dunas, Edgehill (de la Guerra Civil Inglesa)…; por supuesto no podía faltar la 2ª Guerra Mundial, de la que hemos jugado todas las playas de Normandía, Arnhem, Poniry, Iwo Jima, el asalto al aeropuerto de Maleme en Creta o la última recién jugada de Stonne, entre otras muchas de éstas y otras épocas que no voy a citar porque me parece que estoy siendo prolijo y quizás algo pedante, pero seguro me perdonaréis que me recree entre tantos agradables recuerdos.



            Pero a lo que iba, de todas ellas el recuerdo más agradable nos lo proporciona Gettysburg aunque pueda parecer extraño que entre un grupo de españoles sea una batalla de un conflicto tan alejado a nuestra historia la que más “tilín” nos haga, pero cierto es que la Guerra Civil es uno de nuestros periodos favoritos. Quizá se deba al libro “Ángeles Asesinos” de Michael Shaara y su película homónima Gettysburg, magnífica, que todo aficionado no puede dejar de ver, los magníficos libros de ilustraciones de Don Troiani u otros, y en suma, todo lo que Hollywood nos ha influido desde niños, ya que este periodo debe de ser uno de los prolíficos para el cine después de la 2ª Guerra Mundial, pero pocos más deben de superarlo.


            Por todo ello, decidimos que en una de las Jornadas que montábamos antaño en Alcorcón, la batalla central fuera ésta misma, ya que además nos daría la oportunidad de jugarla en un terreno mucho más elaborado propio de un diorama y no las tablas al uso para representar las batallas, con lo que nuestro disfrute sería mucho mayor. Así que nos pusimos manos a la obra bajo la dirección de Eduardo Jorganes, socio fundador del club y uno de los mejores pintores de miniaturas de España sin exageración alguna, que dio como resultado tan magnífico diorama, que con una superficie de más de 4 metros de longitud y algo más de 2 metros de anchura en algunos puntos, es uno de los mayores que hemos realizado nunca. A todo esto, además, debemos añadir que se compraron o se construyeron edificios específicos que representaran fielmente a los históricos, como el Seminario Teológico, Luterano, la Puertas de Cemetery Ridge o el Cuartel general de Lee por poner sólo unos ejemplos, o las más de 2000 miniaturas (escala 1/100) en 15 mm necesarias para el mismo provenientes de las colecciones de nuestros socios Andrés Cedeño (uno de los mayores entusiastas del periodo que conozco), Eduardo Jorganes, Julio Álvarez, Oliver Garrido y yo mismo.


            Pero claro, además de mostrarla para exhibiciones, semejante diorama había que transformarlo en partida, resultando de ellas dos en el club, con sendas victorias sudistas, y la más memorable que he jugado nunca, al igual que los anteriormente mencionados, y lo aseguro con rotundidad pues lo hemos comentado en infinidad de ocasiones, es la que disputamos en el club Alpha Ares con nuestros amigos del grupo LGA de Barcelona, que habiendo venido a nuestras Jornadas como colaboradores, se quedaron tan impresionados del diorama que nos retaron a una macropartida de todo un fin de semana en las siguiente jornadas anuales que viene haciendo su club desde hace bastantes años, y dicho hecho, aceptamos el reto. La gran apuesta, un euro, que se llevaría el club ganador de tan memorable acontecimiento.

Edu, el artista del club y realizador del diorama.
            Al año siguiente, en sus Jornadas, nos marchamos para Barcelona 4 aguerridos miembros del club: Edu, como comandante en Jefe, y Andrés, Julio y yo como comandantes de Alas y Centro dividiéndonos el ejército por sectores, llevando Julio y Andrés el flanco izquierdo (desde los Round Top hasta el Campo de Trigo); Edu se encargaba del centro y de la Reserva (Seminary Ridge y el camino principalmente), y finalmente yo me encargaba de nuestro flanco derecho (Gettysburg y Cemetery Hill grosso modo), disponiéndonos a jugar en un ambiente de gran camaradería y diversión, aunque lo único “negativo” para mí es que en esta ocasión no puede llevar las tropas de mi admirado “Viejo Caballo de Batalla” de Lee, el general Longstreet, pues en el sorteo previo la diosa Fortuna dispuso que nuestro club jugase de Unionista y los de Alpha Ares de Confederados.

El avance de Pickett
            Ante nosotros se presentaron nuestros contendientes, nada menos que nueve jugadores bien ataviados con artículos para ambientar bien la partida - allí no faltaron gorras, banderas, pistolas, bourbon… - para dar sabor a la partida (y nunca mejor dicho) y hasta alguno de ellos se había dejado una aguerridas patillas y bigotes al estilo de la época, algo impresionante. E inmersos en este maravilloso ambiente empezamos la batalla con el arbitraje de Edu por parte nuestra y Marc por la suya para los contenciosos que pudieran surgir.

El coronel Vincent en el Round Top
            De la batalla en sí me permitiréis que no me explaye por solidaridad con nuestros rivales, pues tras dos días de duro combate y franca camaradería, nos impusimos rotundamente a nuestros adversarios, que con caballerosidad admitieron nuestra superioridad en el campo de batalla y pagaron con deportividad su euro, que me parece se quedó Andrés como recuerdo de la efemérides.


            Nunca he jugado otra batalla con un respeto tan alto por la jerarquía de mando, órdenes, y todas estas vicisitudes que siempre intentamos representar pero nunca se consiguen, o no tan verídicamente como lo conseguimos aquella vez. Yo he de decir que estaba tan centrado en mi flanco que ni sabía lo que pasaba en el resto de batalla, limitándome a mi rol de comandante de cuerpo e intercambiando mensajes con el General al mando Edu “Meade” Jorganes para demandarle refuerzos e informarle de cómo iba la situación, pero de lo que acontecía por el centro, y ya no digamos por el otro flanco, me enteraba en la cena de hermandad entre todos, pues durante el día yo ya tenía lo mío como para interesarme de lo que pasaba a ¡4 metros de mi posición! más o menos, y a mis compañeros les pasaba lo mismo según hemos ido comentado posteriormente.


            En suma, unos maravillosos recuerdos de una partida en la que he tenido la infinita suerte de participar y que espero que alguna vez podáis disfrutar también de unos momentos como estos.

Hasta la próxima.


El Presi. 

El general Pickett ve como marchan sus tropas
El muro de piedra y las tierras altas
El regimiento de Chamberlain sobre Little Round Top
El Wheat Field y el Peach Orchard
Emmitsburg Road
La artillería sudista dispara sobre posiciones yanquis
La brigada de Armistead
La gran batería yanqui
La situación justo antes de la carga de Pickett
Las brigadas sudistas empiezan el avance
Las posiciones yanquis desde su retaguardia
Longstreet observa preocupado el avance de la gran carga
Los hombres de Pickett agazapados en el bosque esperan su momento
Los sudistas intentan flanquear Little Round Top
Los sudistas entran en el pueblo
Los sureños toman Gettysburg
Vista general de la batalla al principio del 3º día.

York Road
El sur avanza penosamente