miércoles, 12 de febrero de 2014

Una isla del océano pacífico

La guarnición japonesa pasa el tiempo haciendo guardias y apostando su mísera paga. Hasta el día que llegaron los buques. El horizonte se llenó de barcos de guerra de todos los tamaños y los aviones pasaban por encima de sus cabezas cada vez con mayor frecuencia, algunas veces dejando su carga mortífera, que sin embargo resultaba poco efectivo contra las defensas japonesas bien camufladas. Habían cavado hondo y concienzudamente, como decían los aliados alemanes ‘el sudor ahorra sangre’. Pero la sangre iba a gastarse toda de todos modos. La única cuestión que quedaba por ver era cuanta sangre americana iba a correr hasta que todas las tropas japoneses estuviesen muertas…
Los buques de guerra descargaron sus obuses de grueso calibre mientras los aparatos adornados con la estrellas blancas despegaban de los portaaviones para hacer lo suyo. Se sabía que los japoneses  ocupaban la isla, pero poco más, realmente. Los jefes de la marina y la aviación aseguraban, con aparente confianza, que en gran parte de sus bombardeos habrían acabado con la resistencia enemiga. Las tropas de asalto y sus mandos no estaban nada convencidos y se prepararon para lo peor.

El camino hasta la playa en las lanchas de desembarco y las Amtrac era relativamente seguro, incluso molestaban más los fuertes corrientes que impedían aterrizar en los objetivos. Una vez en la playa era otra cosa… los cañones y ametralladoras empezaron a rugir, parecía que de todos lados a la vez, explotaban los vehículos anfibios americanos en la orilla mientras sus ocupantes intentaban salir y salvarse. Los soldados salieron corriendo  del agua para ponerse y cubierto y luego salirse de la playa cuanto antes.
Entonces los disparos amainaban y no se veía japoneses por ninguna parte. ¡Ni siquiera habían blancos para disparar! Se encaminaban hacia la única carretera de salida de la playa, encabezados por el Amtrac blindado de apoyo, su torreta girándose lentamente hacia izquierda y derecha en busca de objetivos. De repente estalló,  empezaba a echar humo negro y fuego del interior, presa de un cazacarros emplazado al final del camino. La tripulación que intentaba salir, recibió una lluvia de balas de una ametralladoras enemiga que les tendía una emboscada.
La infantería que venía detrás del blindado reventado intentaron adentrarse en la espesura al lado de la carretera para escaparse de la trampa y rodear las defensas enemigas. Mientras tanto en la playa llegaban más refuerzos y equipos de asalto de los marines. Se dirigieron todos en el mismo sentido, siguiendo sus compañeros tierra adentro. Cuando empezaron a cruzar el terreno a la derecha del camino, les cayó fuego de un cañón que estaba dentro de un gran bunker. Prosiguieron su camino para intentar escapar de su arco de fuego y atacarle por la retaguardia, pero en ese momento un francotirador oculto y un destacamento de fanáticos japoneses les cortaron el paso. Les cargaron para escapar de la zona batida y se enzarzaron en un combate mano a mano que ganaron, ocupando la posición fortificada del enemigo.  Este último esfuerzo y las bajas recibidas era el colmo para el pelotón de vanguardia, y se escabulleron hacía la playa junto con compañeros que venían detrás. En ese momento se oyó un grito de guerra del otro lado de la bahía y se veía a una oleada de japoneses cargando contra el flanco derecho estadounidense.  
Mientras tanto, en una obra de diversión y flanqueo, llegó una lancha de desembarco con un carro Sherman a la cala este de la playa de desembarco principal. Los defensores ocultos alertaron al cazacarros para que diera la vuelta para enfrentarse a la nueva amenaza, contra lo cual estaban desprovisto de defensas. Se enzarzaron en un duelo que empezó con el Sherman tocado. No se recuperó y al turno siguiente estalló en llamas, justo cuando venía otro pelotón al otro extremo de la cala para ver su apoyo desvanecerse.
Sus compañeros en la playa principal intentaron penetrar por la izquierda del camino en busca de una ruta menos defendida, aguantando los disparos de un nido de ametralladora en un risco que dominaba la salida de la playa para intentar flanquearlo. Cuando estaba a distancia de carga de la posición enemiga, abrió fuego un pelotón japonesa atrincherados que les cortaba el paso hacia el interior, para luego salir de sus pozos y cargar contra los americanos, que se encontraban en inferioridad numérica. A la vez, una sección de asalto salió de detrás del Amtrac destruido en el camino para cargar contra el flanco de la ametralladora que había estado distraída con sus compañeros. Alcanzaron la cima y se lanzaron contra la tripulación japonesa, tomando control del alto rápidamente. Vieron como la oleada de japoneses destrozó al pelotón americano entero debajo de ellos y se vieron muy expuestos de repente. Ya se veían pocas fuerzas amigas en la playa, unos restos de unidades diezmadas y un par de secciones de asalto que se preparaban para recibir la carga enemigo del otro flanco. Ahora los cañones de los buques de guerra y la aviación americana brillaban por su ausencia. La playa estaba sembrada con las propias armas de apoyo destrozadas. Se prepararon para recibir auxilio pronto o venderse caros…
Nuestro primer intento de recrear la guerra en el pacífico con nuestro reglamento casero de IIGM, Fuego a Discreción, fue un éxito relativo. Era evidente que un desembarco a cuentagotas favorecía mucho al defensor y que mucho más apoyos de artillería y de la aviación para enfrentarse en igualdad de condiciones. La pérdida de una compañía entera frente a unos pocos infantes japoneses, por no hablar de los carros de apoyo destruidos dejaba ver un desenlace claro a la partida. Del modo en que atacaban, poca mella iba a hacer en las defensas japonesas. Ni siquiera habían abierto camino para la siguiente oleada, solo identificado a algunas posiciones enemigas. 

wwiian.