miércoles, 26 de febrero de 2014

Próxima Campaña: Sengoku Jidai

Sengoku Jidai o La Edad de los Estados Combatientes
La Campaña en el Último Tercio


Honorables Sama

      Mi nombre es Takao Furuyama y vine con mi amo en una expedición deiplomática a la ciudad de Sevilla, en España, como dicen sus excelencias, en el año de gracia de 1662, siendo rey de las Españas el Cuarto Felipe, que al igual que al dilecto emperador, Amateratsu guie y le acompañe siempre por el camino de la prosperidad.

      Cuento todo esto porque en esta bella ciudad conocí a un gentilhombre de gran reputación con el acero aunque no menos con las damas, llamado Garcinuño, que entre sus piadosas virtudes encontrábase el del arte de la elocuencia, y de este modo, entre vaso viene y vaso va de lo que Vuesas Mercedes llaman Manzanilla, que es como nuestro vino de arroz, pero muchísimo más dulce y sabroso, empecé a perder mi natural recato propio de los de mi tierra y a relatarle la asombrosa y a veces sórdida historia de mi añorada patria, el Japón, en una época convulsa y marcada por la sangre y el hierro que los naturales de mi país llamamos el Sengoku Jidai, y que con la fiel transcripción de mi nuevo y gran amigo Garcinuño paso a contarles para que perdure su conocimiento en tierras tan lejanas y extrañas como éstas, espero que sean benévolos con mi verbo y que los acontecimientos aquí descritos sean de su agrado. Que los 7 Dioses Felices los acompañen: 

La Guerra Ônin marca el inicio del Sengoku jidai, el “periodo de los estados en guerra”, que abarca desde la mitad del siglo XV hasta comienzos del XVII. Todo empezó con el declinar de los sucesivos shôgun Ashikaga y el desvanecimiento del poder central, que fue gradualmente asumido por los antiguos gobernadores provinciales. Eran estos los shugo, que cuando llegaron a ser virtualmente independientes se llamaron daimyô, señores absolutos en sus respectivos Reinos de Taifas. Una vez independizados del poder central (aunque todos ellos continuaban venerando al Emperador), los daimyô se dedicaron a acrecentar su poder a costa de sus vecinos, y así, poco a poco, el poder disperso volvió a reunirse. Como una gota de mercurio que se estrellase contra el suelo y se fragmentara en otras más pequeñas, y después las más grandes de éstas fueran absorbiendo a las menores hasta volverse a reunir en un todo. Todo esto a lo largo de un siglo y medio…

      Nuestra historia comienza en un año indeterminado de esta convulsa época, cuando sólo quedan diez grandes clanes capaces de poder hacerse con el poder absoluto en el Japón. Diez Grandes Señores de la Guerra que a pesar de su sangre samurái han comprendido que la fuerza de esas malditas armas de fuego traídas por los extranjeros y la masa de grandes contingentes de hombres prevalecerán sobre las obsoletas ideas del honor y del combate individual cara a cara entre héroes.. Y donde sólo podrá quedar uno, aquel que se convertirá en el dueño del divino trono celestial… El emperador del Japón. 


Turno 1: Primavera de 158…