domingo, 7 de febrero de 2010

El Primer Hombre

Nicolai seguía corriendo. A derecha e izquierda podía ver a sus camaradas que le acompañaban en su carrera. El camarada comisario no dejaba de gritar ¡Avanzad hacia la victoria!. A pesar de no haber dejado de hacerlo desde el inicio del ataque, su voz sonaba tan fuerte como al principio 

Las manos de Nicolai apretaban con fuerza su fusil, que aún no había sido disparado

En el extremo derecho del avance podía ver a algunos de sus camaradas asaltando una posición artillada alemana, el se sentía feliz de no haber encontrado resistencia en su camino.

Llegaron a la alambrada que anunciaba el inicio de las trincheras alemanas. Tras saltarlas, no sin esfuerzo, comprobó que estaban abandonadas. Su sensación fue contradictoria, feliz por encontrarlas vacías y a la vez preocupado porque sabía que más allá, en la granja, los alemanes les estarían esperando con el grueso de sus fuerzas.

A pesar del intenso frío y del aire gélido que no paraba de soplar, Nicolai sudaba.


Después de las trincheras se encontraron con el bosque. El y sus camaradas sabían que no era muy espeso, pero si los suficiente para que los carros no pudieran traspasarlo. A partir de ese momento no contarían con su apoyo.

Siguió corriendo, sus camaradas a su lado y el comisario político tras ellos.

Ahora todo resultaba mas agotador, la nieve estaba más blanda que antes, tenía que correr evitando los árboles y las grandes ramas caídas al suelo. Ni un momento de respiro, ni un segundo para recuperar el aliento,

Cuando pensaba que las fuerzas le abandonarían vio el final del bosque y al fondo, los tres edificios que formaban la granja que debían tomar. El iba en cabeza, sería el primer hombre en cruzar el bosque.

Por fin salió, la luz era diferente, el sol que apenas se adivinaba entre las copas de los árboles del boque ahora resplandecía y le hacia verlo todo más claro. Tan claro como vio a los dos panzer que, en silencio, se mostraban amenazantes a su izquierda. Miró de reojo. Un solo infante era poco premio para esas moles de acero, pensó, con la esperanza de que no le dispararían.

Les miró con preocupación, tras ellos se movía nerviosa la infantería alemana. Vió sus uniformes mimetizados blancos, y un fuerte resplandor que salía de la boca del cañón de uno de los panzer.

Eso fue lo último que vio antes de caer destrozado al suelo, el primer hombre que cruzo el bosque en el ataque de Gromovaja.